Nos conocimos el 2015 en la Universidad de Chile, estudiando enfermería los dos. Empezamos saliendo y nunca más nos separamos.
Alejandra fue la primera en entrar al mundo de la ozonoterapia: una amiga suya trabajaba en esto y le mostró lo que se podía lograr con personas que llevaban años sufriendo sin alivio. Le hizo sentido inmediato. Y José entró por Alejandra — primero curioso, después convencido.
Trabajábamos los dos en clínicas grandes, haciendo turnos largos, viendo todos los días lo mismo: pacientes con heridas que no cerraban, dolores crónicos que no cedían, gente que llegaba con la frase "ya probé todo". Y la ozonoterapia, una y otra vez, lograba lo que otros tratamientos ya no lograban.
En algún momento dijimos lo obvio: queríamos compatibilizar nuestra vida laboral con nuestra vida familiar. No vernos haciendo turnos toda la vida. Y al mismo tiempo, queríamos ofrecer esto a más personas, sin las trabas del sistema. Así nació Ozonízame.
"Nuestros pacientes siempre llegan con la misma historia: ya lo probaron todo. Cuando descubren la ozonoterapia, por fin sienten el alivio que venían buscando hace tanto tiempo. Poder ayudar a las personas es nuestro motor para seguir."